Kimchi de pepino

Sin lugar a dudas uno de mis kimchis favoritos, el sabor y el punto crujiente del pepino combinado con la cebolleta y el aliño del kimchi es insuperable. Lo hice siguiendo el proceso de fermentación en bolsa de zip que describo en otro post.

Para hacerlo:

  • Limpia los pepinos.
  • Corta los extremos y retira el centro con las semillas con la ayuda de un utensilio tan cruel y maligno como el archiconocido descorazonador de manzanas (hasta la manzana de Eva tenía corazón, a qué punto hemos llegado, Señor).
  • Retira parte de la piel con un cuchillo, dejando tiras con y sin piel.
  • Corta longitudinalmente en 4 formando una cruz (me está saliendo un post de lo más religioso).
  • Añade la cebolleta cortada en tiras del mismo tamaño que las piezas de pepino.
  • Y mezcla con los ingredientes del aderezo de kimchipara unos 4 pepinos de tamaño normal y el verde del mismo número de cebolletas:
    • 2 cucharadas de azúcar.
    • Otras 2 de guindillas coreanas en trituradas (puedes sustituir por cualquier otro tipo de guindillas que no sean demasiado picantes y que tengan un color rojo brillante).
    • 1 cucharadita de sal.
    • Ajo y jengibre bien picados
    • 1 ó 2 cucharadas de salsa de pescado tailandesa o vietnamita.

Deja que la mezcla “sude” y prueba a las 2 horas. Tiene que quedar ligeramente salado, notarse el punto picante y el dulzor del azúcar. Pero no te olvides de cómo te gusta a ti y rectifica conforme te lo pida el alma.

Ahora sólo queda dejar que el tiempo de fermentación haga su magia. A partir del segundo día ya te lo puedes comer, aunque para darle un sabor más mordaz puedes esperar y fermentarlo de 2 semanas a 2 meses o más. Si no quieres sobrefermentar, cuando haya llegado al punto que más te ponga, pa’ la nevera.

Mira cómo se hinchó la bolsa después de tan sólo dos semanas

 Ya sólo queda dejarse llevar por la lujuria y la gula. ¡A disfrutar!

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Crema de Supertomate

Abrigos, paraguas, pero bueno… ¿¿CUANDO llegara por fin la primavera, el sol, el calor, los aperitivos en terrazas, la época de preparar un gazpacho con tomates buenos de verdad??…Mientras aguantamos, echando de menos un vasito de esta sopa roja, compré unos tomates para hacer una cremita…

Por supuesto, tiene unas características que ya conocéis de mi cocina: ¡sencilla y con sabor! Inspirada del cocinero ingles Jamie Oliver, os presento mi versión de crema de tomate… enriquecida en Umami!

 

Ingredientes

  • 1 kg de tomates maduros
  • 2 zanahorias
  • 1 rama de apio
  • 2 cebollas medianas
  • 2 dientes de ajo
  • Caldo de pollo o un cubito de caldo de pollo/verdura si no tiene ;)
  • 2 cucharas de purée de concentrado de tomate
  • 2 cucharas de salsa de soja
  • Unas hojas de albahaca fresca
  • Parmesano rallado
  • AOVE
  • Sal y azúcar
  • Pimienta recién molida blanca

Preparación

Pela y corta las zanahorias en rodajas. Corta el apio. Pela y pica las cebollas más o menos. Pela y corta los ajos.

Pon una olla mediana a fuego medio y echa un chorro de aceite de oliva. Añade el tomate concentrado y todos los ingredientes picados o en rodajas y mezcla con una cuchara de madera.
Cocina unos 10 minutos con la tapa torcida, hasta que las zanahorias se hayan suavizado, pero todavía mantengan la forma y la cebolla quede ligeramente doradas.

Mientras tanto, corte los tomates en trozos. Añádelos a la olla incluyendo los tallos verdes que aún pueden imponerse a algunos de ellos (estos dan un sabor increíble – confía en mí) removed bien y lleva a ebullición.
Ponga el caldo (o rompe el cubito de caldo y añade agua) hasta cubrir todo, baje el fuego y cocine a fuego lento durante 10 minutos con la tapa puesta.

En la thermomix, o con una batidora, tritura la crema, añadiendo el caldo poco a poco hasta que sea de la textura que desea. Cola con un chino.

Aliña con sal, pimienta, salsa de soja y un pelín de azúcar si hace falta.

Para servir

Dale tu propio toque personal añadiendo algunas de sus hierbas y especias favoritas, la foto lleva solamente cosas clásicas como albahaca, parmesano, chips de ajo y AOVE – las posibilidades son infinitas…

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Cómo fermentar verduras en bolsas de zip

Foto: ¿a que parecen caramelos estos rabanitos?

Como llevo poco tiempo fermentando verdura y todo esto de la fermentación anaeróbica (en ausencia de aire) me intimidaba un poco, estuve dando vueltas hasta encontrar un método fácil que evitara el contacto de la verdura con el aire y se me ocurrió este – me imagino que no es nada nuevo, pero para mi  lo es.

Las otras alternativas que he descubierto en The Art of Fermentation, la biblia de todo lo fermentable del enormísimo Sandor Ellix Katz (echad un vistazo a su blog, merece mucho la pena) – como botes o vasijas con piedras para presionar las verduras y que no entren en contacto con el aire – me parecieron complicadas y dan la sensación de que no son tan efectivas para reducir el riesgo de contacto de la verdura con el aire. Esto puede aumentar el peligro de que crezcan  hongos en la superficie, que, aunque no parecen ser peligrosos, sí pueden disminuir la calidad del fermento y ablandar la verdura.

Con este sistema lo fácil se hace aún más fácil y además sirve prácticamente para cualquier verdura:

  • Limpia, por ejemplo, unos rábanos,
    • córtalos en rodajitas,
    • echa en una buena bolsa de zip, de las de doble cierre,
    • añade sal – sala un poco más de lo que harías normalmente. Y si quieres más precisión, entre un 1.5% y 2% sobre el peso total de las verduras.
  • Deja que vaya soltando poco a poco su agua – unas 3 horas. Si ves que necesitan un poco más hasta cubrirlos, echa un poquito de agua de grifo hervida y ya fría (si no el cloro del agua limitará el crecimiento bacteriológico).
  • Cierra la bolsa dejando abierto un extremo,
    • sumergela en una olla llena de agua, dejando fuera el extremo abierto. Así la presión atmosférica irá expulsando el aire
    • hunde un poco más y cuando cuando casi no quede aire, cierra.
  • Déjalo fermentar en un lugar alejado de la luz directa.
    • Una fermentación ligera necesitará al menos 2 días y una más larga puede requerir, semanas, meses - incluso años.
    • Ve probando de vez en cuando, poco a poco se irá acidificando (cuidado, en verano fermentará mucho más rápido).
    • Cuando quieras frenar el proceso, transfiere a la nevera.
    • Y no te preocupes si ves que burbujea o que la bolsa se hincha, es el CO2 que se produce durante la fermentación. Fermentar viene del latín, hervir, por las burbujas que ocurren.
Yo sustituí parte de la sal por Shio Koji para acelerar la fermentación y a los dos días la mezcla ya estaba burbujeando. No os podéis imaginar la alegría que me produjo ver el maravilloso color que cogieron cuando la superficie tintó el resto del rabanito (foto superior).
Y ahora un poco de ciencia para el que le interesen los por qué’s:
Antes de nada, no tengas miedo a fermentar, el resultado final es mucho más seguro que las verduras frescas:
  • Al fermentar en ausencia de aire (ferm. anaeróbica) se impide el crecimiento de otros organismos que lo necesitan  para sobrevivir, especialmente de los agentes que causan descomposición.
  • Todas las verduras tiene bacterias  ácido lácticas (BAC) en su superficie. En cuando se cortan, aumenta la superficie disponible (su sustrato) para su crecimiento y empiezan a reproducirse en un entorno propicio (anaeróbico).
    • Estas bacterias producen ácido láctico como desecho metabólico de la fermentación de los carbohidratos, proceso que disminuya el PH (aumenta acidez), lo que hace el sustrato inhóspito para la supervivencia de otras bacterias y hongos.
      • También producen alcohol y ácido acético lo que hace el sustrato aún menos disponible a otras bacterias.
  • La sal también disminuye el tipo de bacterias que puedan crecer, dando de nuevo ventaja a las BAC.

Además la sal aporta otras propiedades:

    • Extrae agua de la verdura mediante ósmosis.
    • Aporta una textura crujiente a las verduras.
    • Y frena la fermentación y la actividad encimática.
      • Mientras mayor sea la cantidad de sal que utilices, más tiempo tardará en fermentar.
Temperatura:
  • Aunque se puede fermentar casi a cualquier temperatura, Sandor cuenta en su libro que la temperatura ideal está entre 18 y 21ºC y da lugar a fermentos de mayor calidad.
  • Aunque ni mucho menos sea el medio ideal incluso se puede fermentar en la nevera, pero como el frío es un “agente que frena la producción bacteriana” el producto tardará una eternidad en estar listo.
  • A temperaturas superiores a 21ºC, la velocidad de fermentación aumenta exponencialmente y la calidad del producto final se puede ver afectada. Para frenar la velocidad se suele añadir más cantidad de sal.

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La 8º convocatoria de nuestras cenas secretas Umami Madrid

Acabamos de volver de nuestras vacaciones de Semana Santa con muchas ideas para la próxima cena, que esperamos que tenga tanto éxito como la anterior. Se apuntó tanta gente que al final decidimos hacer dos cenas y aun así siguieron quedando fuera muchas personas – ¡tuvimos peticiones para 40!

Os dejamos el menú de la última cena, la siguiente irá en la misma línea, pero con cambios que creo que serán muy, muy interesantes:

 

Cena secreta Umami Madrid. 22/III/2013 

Por la boca muere el pato

Lenguas de pato 7h./70ºC, tempura de vodka,

pimienta vietnamita, sal gris de Gueránde

Transparencia de mar y montaña

Tom Yam: licor clarificado de pollo y cigalas, aromáticos tailandeses

De mar adentro

Tagliatelle de calamar crudo, limón Meyer

Banh cuon de gambas, chalotas crujientes, vinagreta vietnamita

De aire y agua dulce

Medias lunas elásticas de terrina de pato, ensalada cítrica, cebolla roja, cilantro

Casi de aire, pero se queda en tierra

Laos callejero: ping cai, pollo francés “Label Rouge” 62ºC,

chutney de tomate, arroz glutinoso

Para endulzarse la vida

Mousse de mascarpone, cremoso de yuzu y lima,

bizcocho de almendra y té verde

Crocantes sorprendentes

Sablés de chocolate y flor de sal

 

Y ahora vamos con los detalles: Además de un menú parecido a los anteriores, la cena incluirá cervezas y varios vinos que irán cambiando con lo que tomemos.

  • ¿Cuándo?: viernes 12 de abril, a las 9 p.m.
  • ¿Dónde? en Madrid centro –os enviaré una dirección con la confirmación.
  • ¿Cuánto? se aceptará gustosamente una donación de 65€.
  • ¿Cuántos seremos en total? 6 personas.
  • ¿Cómo apuntarme? Envía un correo a inigoaguirrep (@) gmail (.) com con tu nombre, número de teléfono móvil y número de asistentes antes del domingo 7 de abril.
  • ¿Limitaciones? si tenéis algún tipo de requerimiento especial (alergias, ingredientes que no podéis tomar…) incluidlo en el mail.
  • ¿Quién soy? Si queréis, también podéis incluir un pequeño texto sobre vosotros o el motivo por el que os apetece venir a cenar.
  • ¿Qué debo tener en cuenta? Los platos pueden ser picantes, puede haber preparaciones en crudo y como se tratará de un menú cerrado para una mesa entera, no se podrán hacer grandes cambios.
  • ¿Cuándo sabré si puedo ir? antes del 9 de abril enviaremos un mail de confirmación a todos para deciros si habéis tenido suerte en el sorteo.

Si queréis saber más sobre el resto de las cenas podéis hacerlo pinchando aquí.

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Cartílagos de pollo a la plancha

Un aperitivo delicioso, sin demasiado sabor, pero sí con muchísima textura. Y además aprovechamos una parte del pollo que la mayoría de las veces acabamos tirando.

La pieza es el pico que sobresale de las carcasas de pollo cuando retiramos las pechugas. Lo cortamos con un cuchillo y no hace falta nada más que dorarlo en la plancha. Si quieres, puedes acompañarlo con una salsa, pero así también está bueno.

Hace ya unos 4 años jugaba con esta pieza y publiqué una receta de cartílagos de pollo; entonces llevaba una precocción antes de pasar por la plancha, lo que daba una textura mucho más tierna.

En la mayoría de los pubs japoneses, las grandísimas izakayas, ofrecían estos cartílagos dorados en sus barbacoas de carbón – que no sabe a carbón. Y lo hacían como aquí, sin una cocción previa. El resultado es mucho más crujiente; ahora me gusta más así. ;-) Hay que probarlos, es una gran experiencia que sale grátis.

Estamos de enhorabuena con esta última publicación: ¡hacemos 500 posts publicados! Todavía estoy impresionado con la constancia que hemos tenido con el blog.

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Arroz glutinoso – el arroz de Laos

Uno de los grandes desconocidos de la familia del arroz que no encaja entre las dos grandes; ni es japónica (como nuestros arroces, los italianos o los japoneses), ni índica (como el arroz de jazmín).

Es el arroz estrella de la cocina de Laos, presente en todas las mesas en unos cestos de mimbre de una belleza increíble.

Merece la pena probar una variedad de arroz tan desconocida y tan poco habitual. Si queréis comprarlo, probad en tiendas asiáticas; se vende bajo su nombre inglés: glutinous rice.

Tiene una textura única, sus granos se adhieren entre sí y se come formando pequeñas bolitas de arroz con la mano. Es muy aromático, con un olor distinto, pero casi tan intenso como un arroz de jazmín.

No admite una cocción normal en agua – se deshace – , sólo se pude hacer al vapor. Para prepararlo hay que dejarlo en remojo unas 7 horas, escurrir unos 20 minutos y luego cocerlo al vapor con la tapa cubierta con un trapo para que no le caigan goterones de agua condensada, lo que estropearía su delicada textura.

 

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