Mollejas de ternera con glasa de ternera sin reducción

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Antes de nada, ¿qué es una glasa? es un fondo que se ha reducido a alrededor de 1/10 de su volumen, concentrando sus sabores y su gelatinosidad hasta que adquiere una consistencia densa, tanto que, al mojar una cuchara en la salsa caliente, la parte trasera quedará cubierta. En frío la cantidad de gelatina que lleva hace que quede muy dura y firme y, a la vez elástica. Está tan concentrada que se puede usar para enriquecer salsas, como si fuera una versión mejorada de una pastilla de caldo concentrado. En boca notarás un sabor intenso y a la vez una sensación deliciosa que produce la gelatina, haciendo que los labios queden pegadizos.

Si utilizas poca agua desde el principio y si utilizas ingredientes que aporten mucha gelatina, como una buena pata de ternera, y mucho sabor con una buena cantidad de carne picada y verduras, podrás hacerla sin necesidad de reducir. La única diferencia está en que, durante la reducción se producen reacciones de Maillard que cambian el perfil de sabor, intensificando la sensación cárnica de la salsa y las notas de umami, pero esto se puede compensar dorando bien la carne para conseguir el sabor de la maillarización y con un poco de salsa de soja, que potenciará el sabor carnico y también añadirá umami a la salsa.

Aunque puedes cocinar todos los ingredientes de una sola tanda y ahorrar mucho tiempo, el proceso que he seguido es un poco más largo, pero te permite darle la cocción apropiada a cada uno de los ingredientes y además aprovecharlos luego para hacer otros platos.

En cuanto a las mollejas de ternera… es una de mis piezas de casquería favoritas es deliciosa y apta para la mayoría de las personas porque tienen un sabor muy muy suave y una textura muy tierna. Aunque para disfrutar de ellas no tienes que complicarte la vida – también están buenísimas con unos cristales de sal y unas gotas de lima – pero la glasa es un acompañamiento perfecto: añade otra dimensión al plato y le da esa untuosidad que va tan bien con este tipo de carne, haciendo que el platillo pase de ser un gran plato a un plato de alta gastronomía.

He elegido acompañarlas de coliflor encurtida de este post porque la acidez compensa la sensación grasa de las mollejas y da ligereza al plato. Mucha gente tienen a añadir a platos como este acompañantes también pesados, cosa que me parece un gran error porque un plato como este gana muchísimo con un punto refrescante y ácido.

Ingredientes para la glasa:

  • 500 gr de agua
  • Una pata de ternera cortada en trozos
  • 700 gr de carne de ternera picada
  • 1 cebolla
  • 2 dientes de ajo
  • Media cebolla
  • La parte verde de un puerro
  • Un chorrito de salsa de soja
  • Un chorrito de zumo de lima
  • Una puntita de goma xantana

Preparación:

Blanquea la pata durante 10 minutos cubriéndola en agua hirviendo.

Cuela el agua y limpia la olla

Después, cuece la pata de ternera en 500 gramos de agua en olla express durante 1.5 horas – como verás, el agua no cubre la pata.

Cuela

Retira todos los huesos de la pata y reserva los tendones y la piel para otras preparaciones, formando un torchón como este:

Es una delicia que puedes tomar tanto en caliente como en frío. Prueba a hacerlo en láminas y rebozado en panko como la careta de este post: 

Te recomiendo prepararte un “torchón” de pata de ternera para hacerte una ensalada como la de este post.

También en una tostada con mantequilla, unas lonchitas de tendones y unos chiles queda de muerte …

Pero volvamos a la receta:

Añade el caldo de haber cocido la pata y cuece en olla express durante una hora.

No tires la carne, puedes utilizar la carne para preparar una musaka o una lasagna.

Cuela, y añade las verduras al caldo y cuece en la olla express durante unos 20 minutos

Vuelve a colar, rectifica de sal

Deja enfriar y retira la grasa

Ya prácticamente lo tienes

Ahora, aunque es increíblemente sabrosa y tiene muchísima cantidad de gelatina, en caliente necesita espesar un poquitín – par que la salsa no añada pesadez al plato, incorpora una “mijita” de goma xantana con la ayuda de una batidora de mano.
Si quieres puedes espesarla de la manera clásica: con un roux a base de harina tostada y mantequilla.

Ingredientes para un aperitivo para 2 personas o un plato principal para 4:

  • 250 gr de mollejas de corazón de ternera
  • 150 gr de glasa de ternera

Preparación:

Deja las mollejas en agua salada y durante al menos 6 horas para que desangre y blanqueen y queden más aparentes.

Aclara las mollejas, seca y envasa al vacío

Cuece las mollejas durante 2 horas a 63ºC – si no cocinas al vacío, puedes introducirlas en una cazuela con agua salada fría y cocer hasta que llegue a ebullición y luego enfriar en agua helada.

Abre la bolsa y limpia las mollejas – retira las telillas y el exceso de grasa que las cubren.

Envasa de nuevo al vacío en porciones individuales y enfría en agua con hielo.  Puedes guardar en la nevera hasta 5 días o congelar.

Cuando las quieras tomar, regenera con agua caliente, saca de la bolsa y marca a la plancha hasta que queden doradas

Calienta la glasa mientras se doran las mollejas y añade unas gotas de lima o vinagre para “despertar” los sabores de la salsa.
Mira cómo quedan, crujientes por fuera y tiernas y jugosísimas por dentro

Calienta los platos en el microondas con un poquito de agua – si no, la glasa se enfriará rápidamente y perderá toda su gracia.

Seca bien el plato y sirve la glasa caliente y la molleja encima, sería una pena servir la salsa por encima y perder la textura crujiente que acabamos de conseguir. Añade una buena cantidad de pimienta recién molida y la coliflor encurtida.

Y voilá, ya está lista. Esta vez a disfrutar con un buen vino.

 

Sopa agripicante “chinesca” de pescado y cigalas con huevo en hilillos

Este es un platazo espectacular, me vuelvo loco de sólo pensar en él, en sus aromas y texturas y contraste de sabores – y es un plato con el que estamos todos habituados de los restaurantes chinos de barrio, esos restaurantes que hacen sopas con polvos de caldo de pollo instantáneo. Aun así, me gusta la sopa, pero si uno se lo curra un poco más y utiliza un buen caldo en plato pasa de ser una sopa aceptable a ser algo de otra galaxia.

Incluso con estas temperaturas apetece porque la acidez y el picante le dan un efecto refrescante muy agradable y el perejil, que la convierte instantáneamente en una sopa de aquí, también la hace más liviana y refrescante.

Y lo mejor es que si los caldos los tienes congelados, es un plato que se puedes tenerlo preparado en 10 minutos, comida rápida deliciosa y sana.

Ingredientes para 4 personas:

  • 400 gr de caldo de pescado
  • 400 gr de caldo de cigalas
  • 80 gr de aceite de cigalas
  • 4 huevos medianos
  • Perejil bien picadito
  • Zumo de lima
  • Unos copos de chiles (opcional)

Preparación:

Mezcla los dos caldos y calienta hasta hervir

Añade el huevo batido sobre el caldo en chorrito fino mientras remueves el caldo con una cuchara para que cuaje formando hilillos

Una vez fuera del fuego, añade el zumo de lima hasta conseguir percibir una ligera acidez. Como hemos añadido huevo, probablemente necesite un extra de sal, añádela si necesita.

Sirve el caldo en cada plato, añade el aceite de cigalas, el perejil y unos copos de chile.

Mis gambones al ajillo

La locura!

Cuando pienso en las gambas al ajillo que tomaba de pequeño, recuerdo de un plato delicioso, pero una cosa es el recuerdo y otro la realidad. Cuando, nostálgico, me animo a pedirlo por ahí, acabo decepcionado, enfrentándome a la dura realidad de unas gambitas descongeladas y minúsculas, de una calidad ínfima, salteadas con muchísimo aceite y con muy poca gracia.

He hecho variaciones (al final del post explico las mejores variaciones) de este plato infinidad de veces por lo fácil, barato y rápido que es – y, sobre todo por lo delicioso que resulta. La gran mayoría de los ingredientes están ya preparados, así que casi no hay más que hacer que saltear los gambones y aderezarlos.

Lo que quiero hacer con este plato es dignificar la receta de mi infancia y conseguir que mi distorsionado recuerdo esté a la altura de lo que quiero comer. Sólo he añadido un par de detalles para aportarle más dimensiones al plato, manteniendo los sabores del plato intactos: un chorrito de lima, mucha generosidad con el perejil y su sabor tradicional, ligeramente picante y con la potencia del ajo frito.

Además, para mantener su esencia de platillo accesible, sustituyo las gambitas congeladas por gambones congelados, un gran marisco a un precio increíble – tienen una relación calidad-precio imbatible (suelen estar alrededor de los 10-12€/kg) y una carne con un sabor delicado y una textura melosa que lo hacen increíblemente delicioso.

Ingredientes para un aperitivo para 4 personas o un plato principal para 2:

Preparación:

  • Descongela los gambones en una cazuela llena de agua – nada de dejar descongelar en la nevera la noche anterior que es un rollo. No te preocupes, un descongelado rápido no afecta a la calidad del producto, el problema está en el congelado, que es cuando se forman los cristales de sal que rasgan las fibras, disminuyendo su capacidad de retener agua, no durante el proceso opuesto.
  • Pela los gambones y retira la “caca” – la línea oscura que recorre la carne desde la cabeza a la cola. Para hacerlo tienes dos opciones, cuando le arranques de cuajo la cabeza es muy probable que puedas ver el extremo colgando.
Si tiras del hilillo con cuidado podrás sacarlo entero sin problemas

Si ves que se resiste o se rompe y te dejas una buena parte, te va a tocar cortar a lo largo para retirarlo:

Ahora sólo tienes que retirar todo el hilillo

Corta los gambones en dos y seca muy bien con papel absorbente para que en la sartén se doren rápidamente y no salpiquen.

Los gambones cortados en pequeñas piezas
  • Calienta una sartén con aceite hasta que humee.
  • Saltea rápidamente, de forma que el exterior se dore y la gamba quede prácticamente cruda en el centro.
    Reserva los gambones.
  • Desglasa la sartén con un chorrito de Jerez y utiliza el aceite y los jugos de la sartén y mezcla con el aceite de chiles y de ajo, la salsa de pescado y/o sal y un chorrito de zumo de lima.
  • Prueba y rectifica hasta que notes un equilibrio entre la sensación grasa y la acidez y en cuanto a sabor, el de los gambones debe ser el principal mientras que el picante y el del ajo deben quedar de fondo.
  • Sirve los cambones, adereza con la vinagreta y termina con el perejil y los chips de ajo y chiles.
  • Asegurate de tener un buen pan para mojar el juguito.

Variaciones sobre el plato:

  • Añade aceite de marisco a la vinagreta para realzar el sabor a marisco – lo puedes hacer rápidamente dorando las cabezas y las pieles de los gambones.
  • Si quieres darle un punto más potente y atrevido, puedes saltear un poquito de pasta de gambas fermentadas y añadirlo a la vinagreta – pero ten cuidado con las cantidades, es un ingrediente muy potente.
  • O sustituye el perejil por cilantro o por cebollino, te alejarás de la tradición, pero queda estupendo.
  • También puedes sustituir el zumo de lima por la acidez del tamarindo, que le va que ni pintado.

Panceta crujiente al estilo Cantonés

Se me hace la boca agua de sólo ver estas maravillas

Aunque los que me seguís os habréis dado cuenta de que mi cocina tiende a ser ligera y con poca grasa, la panceta en cualquiera de sus versiones es mi gran debilidad. Hacía mucho que no la cocinaba, ¡la última mención en el blog es de hace 7 años!. Me encanta en cualquiera de sus versiones:

guisada, sobre todo como al estilo de Shanghái, en salsa roja, acompañada de huevos cocidos,

cocinada con sal rosa y a baja temperatura con la piel crujiente

Como aperitivo, cocida y fría con su glasa como se hace en China

Ahumada

Envolviendo verduritas y en salsa de soja

en torreznos, de cualquiera de sus maneras me parece una locura.

Una excepción, cuando se cocina a baja temperatura, a unos 60ºC, se obtiene una carne muy jugosa, pero la grasa mantiene una textura dura, sin la maleabilidad que tiene cuando está cocida y no funde en boca y resulta difícil conseguir una piel bien crujiente. Tierna, crujiente, con grasa, carne y piel.

Sin duda, una de las maneras en las que más me gusta es asada al estilo de los asados de cantoneses, Siu (asada) yuk (carne), con la piel perfectamente crujiente, con esa uniformidad tan impresionante de la piel. Se llama siu (asado) nan (panceta) y me apasiona.

Tanto que la última vez que estuve en Londres, pasé por Chinatown de camino a cenar en un restaurante Malayo, vi una panceta crujiente anunciada en el escaparate de un restaurante chino y tuve que comprar el mínimo que se podía comprar, unos 400 gr que me tomé justo antes de sentarme a la mesa.

¿Quién puede resistirse a algo así? Yo no

En muchas ocasiones intenté hacer este platillo siguiendo recetas complicadísimas y muchas veces acabé cansado, con resultados que nunca fueron buenos a pesar de lo laborioso y complicado de las preparaciones, y estaba a punto de dejarlo por imposible hasta que… ¡ALELUYA! finalmente di con la preparación de Lady & Pups y probé a hacerla. El proceso me pareció fácil y, salvo por uno o dos detalles, casi inmejorable, estaba tan delicioso que lo repetí varias veces hasta llegar a lo que considero mi versión definitiva de su preparación, con mínimas adaptaciones que facilitan la tarea y para conseguir pequeñas mejoras sobre su proceso.
Si no conocéis su blog, os lo recomiendo en-ca-re-ci-da-mente – sus textos son increíbles y divertidos y su fotografía es una pasada, sin un ápice del cursilismo que está tan presente últimamente.

Lo mejor de esta preparación es que, una vez que se asa la pieza, ya tienes todo el proceso prácticamente terminado y casi no quedará trabajo de último minuto, cuando lleguen los invitados. Una vez asado, se puede guardar la pieza en la nevera y tomarla hasta un par de días después – y si quieres conservarla durante más tiempo, la panceta congela bien, así te recomiendo hacer de más y congelar parte.

Ingredientes para aperitivo para cuatro o como plato principal para dos:

  • 500 gr. de panceta de cerdo con piel. Elige piezas magras, con más carne que grasa – a mí me gusta cuando tiene alrededor de un 25% de grasa
  • Sal 2% – en este caso, 10 gr.
  • 3 hojas de laurel – retira el nervio central antes de triturar
  • La ralladura de un limón – sin la parte blanca, sólo la amarilla
  • 1 cucharada de pimienta negra – o si prefieres evitar el color de la pimienta, sustituye por pimienta blanca, aunque el aroma será más sutil

Necesitarás:

  • Unos 10 palillos de dientes
  • Papel de horno
  • Envasadora y bolsas para envasar la panceta (opcional)
  • Triturador para especias – o si no, simplemente un mortero sería suficiente

Preparación:

La marinada:
Tritura el laurel con la pimienta y la ralladura y añade la sal.
Frota toda la pieza con la mezcla y deja macerar al menos 2 días en la nevera de forma que los aromas penetren en la carne.

Si envasas al vacío conseguirás una mejor maceración al facilitar que los ingredientes se conozcan más íntimamente.

El asado:

Saca de la bolsa, limpia ligeramente bajo un chorrito de agua, seca bien y envuelve en papel de aluminio
Cuece en el horno a 150º C durante 2 horas

La paceta ya cocida y enfriada, con la piel todavía gomosa

Enfriado: Para conseguir que la piel se mantenga lo más plana posible, enfría con la piel boca abajo y pon un peso sobre la panceta durante al menos otras 2 horas.

El crujiente:

Hazte con unos palillos y pincha toda la superficie de la piel – esto te llevará unos 5 minutos, se hace un poco pesado, pero es un paso fundamental para obtener un resultado perfecto, no hay manera de saltarse este paso. Tienes que ser muy minucioso y agujerear toda la superficie de la piel para que quede crujiente de forma uniforme. También lo puedes hacer después de enfriar para ahorrar tiempo de último momento.
Antes de comer calienta una sartén a fuego medio. Si tienes una sartén antiadherente nueva prueba a hacerla directamente sobre la sartén, pero si no está en perfectas condiciones correrás el riesgo de que la piel se pegue en la sartén, lo que sería el mayor desastre que te podría ocurrir porque la piel, increíblemente crujiente, es el protagonista absoluto de este plato. Para evitar una catástrofe de esas dimensiones, te recomiendo utilizar papel de horno.

Recorta una pieza de papel de horno que cubra la superficie de la sartén, añade un poco de aceite, la panceta, otra hoja de papel de cocina o de papel de plata y pon un peso encima.

Tostado y planchado

Cuece a fuego lento (yo uso el nivel 3 de 10 en un fuego de inducción) durante unos 30-40 minutos, hasta que conseguir que la piel quede perfectamente crujiente como en la foto. Es importante que la piel quede totalmente crujiente – si es gruesa puede quedar crujiente por fuera y ligeramente gomosa en el interior. El truco está en la cocción lenta, que minimizará el riesgo de que se queme y que el crujiente sea uniforme y abarque todo el grosor de la piel.

Alquimia crujiente

Coloca sobre una tabla con la piel hacia abajo y corta en dados – cuando llegues a la piel tendrás que hacer un poco más de presión – disfruta escuchando cómo cruje, cediendo ante el cuchillo.

Se obró el milagro

Ahora tienes dos opciones:

  • Servirlo tal cual, de aperitivo, acompañado de un poquito de mostaza amarilla (tipo Dijon)
  • O como plato principal, sobre arroz y con un chorrito de salsa de soja

Mok gai con influencias alemanas

La última vez que fui a Laos, en una de esas excursiones que no prometen nada a nivel gastronómico, me dieron un platillo llamado mok que me fascinó; se trata de una preparación típica de Isan (noreste de Tailandia) y Laos. Es una especie de curry seco cocido al vapor que suele llevar pollo (mok gai) o pescado (mok pla) con huevo y aderezada con galangal, chiles y hojas de lima kaffir, todo envuelto en hojas de plátano (lo siento, no tengo foto, estaba mucho más centrado en comer que en guardar un recuerdo fotográfico). En muchos casos se le añade pasta de curry y crema de coco, pero esta versión era la mínima expresión de un mok. A pesar de lo basto de la presentación – las piezas de galangal eran gruesas, con demasiada presencia, el huevo no estaba bien batido y el picante ardía, el sabor me pareció fascinante y decidí que quería hacer algo parecido en casa.

Pero no quería hacerlo tal cual, me gusta mucho pensar en cómo lo haría un laosiano o tailandés en Europa, sin tener al alcance hojas de plátano a un precio razonable. Y la inspiración llegó un par de años después, en Alemania, cuando tomé un plato típico de pollo envuelto en rollitos de col y hecho a la plancha. Me pareció el vehículo más interesante para preparar un mok europeizado así, la col perfectamente integrada en el plato, dando jugosidad y sin  ser sólo su envoltorio, sino parte del plato.

En Alemania el plato se suele hacer con repollo, pero la col rizada aporta más color y dramatismo al plato. Además la primera vez que lo hice se me ocurrió utilizar pasta de gambas fermentadas para aderezarlo y me gustó tanto que se quedó con este ingrediente, más propio del sur que del norte, al final cualquier parecido con un mok es pura coincidencia. No sé por qué, pero estoy obsesionado con lo bien que queda la combinación de pollo y gambas.

El plato es muy versátil, una vez formados los paquetitos, puedes cocinarlos al vapor y servirlos fríos o calientes. Además, si buscas más intensidad de sabor puedes hacerlos a la plancha, como se hace en Alemania y servirlos calientes.

Ingredientes para 4 personas (como plato principal):

  • Una col rizada
  • 500 gramos de contramuslos de pollo (deshuesado y sin piel), preferiblemente pollo campero – yo uso pollo francés “Label Rouge”, es increíblemente sabroso y con una muy buena relación calidad-precio)
  • 1 huevo
  • Una cebolla grande
  • Un buen puñado de cilantro
  • Ajo
  • Chiles rojos frescos (no muy picantes que si no pueden arruinar el plato) – la cantidad depende de la intensidad de los chiles y de gustos personales. Yo utilizo los chiles que venden en la zona de refrigerados de las tiendas asiáticas de la calle General Margallo en Madrid porque tienen un picante suave y son bastante sabrosos
  • 2 cucharadas soperas de salsa de pescado
  • Sal
  • 1 cucharadita de pasta de gambas fermentada (a la venta en tiendas de productos asiáticos). Asegúrate de que sea fresca, en cuanto las pastas de gambas empiezan a envejecer adquieren un aroma repugnante y demasiado potente
  • Unas gotas de jugo de lima
  • Aceite de oliva extra virgen de aceitunas arbequinas
  • También necesitarás palillos

Preparación:

Limpia la col, retira las hojas y cuece ligeramente en agua hirviendo, pero no te pases con la cocción – sólo queremos cocerlas para aportar flexibilidad a las hojas para luego formar los paquetitos sin que las hojas se quiebren

Saltea la pasta de gambas en una sartén con un poco de aceite hasta que espume y adquiera el aroma intenso y delicioso que estás buscando y reserva. Tiene que tener un aroma a cabezas de gamba salteadas, intenso, pero fresco

Pica los contramuslos de pollo a cuchillo de forma que queden piezas de aproximadamente 1/2 centímetro de grosor

Chiles: retira las semillas y los hilitos que conectan las semillas con la carne para evitar que piquen demasiado y corta en piezas pequeñitas

Pica también, el cilantro, la cebolla y el ajo

Bate el huevo y mezcla con el resto de ingredientes

Prueba la mezcla y rectifica de sal si lo crees necesario
Coge un par de hojas de col, monta una sobre la otra para aumentar la superficie de los paquetitos
Rellena con la mezcla anterior
Haz paquetitos con la col y utiliza palillos para mantener los paquetitos cerrados y cuece al vapor unos 30 minutos
Deja enfriar
Corta los paquetitos en piezas que se puedan llevar fácilmente a la boca y sirve a temperatura ambiente, aliñado con sal en cristales, unas gotas de jugo de limón y un hilo fino de aceite de oliva virgen extra variedad arbequina

Alternativa: también puedes cocinar el paquetito en una sartén y servir en caliente si quieres un sabor más intenso

Huevas de pescado curadas y cómo prepararlas con pasta

Este es un plato increíblemene delicioso, resulta maravilloso ver cómo se pegan las huevas de pescado a la pasta, igual que lo hace el Parmesano, claro presagio de la sensación que tendrás en boca cuando los pruebes. Las huevas tienen una textura cremosa y la salsa que las acompaña incrementa aún más la sensación de sedosidad. Algo que no deberías perderte bajo ningún concepto, te aseguro que merece la pena.

La textura de las huevas es completamente distinta a la de los salazones a los que estamos acostumbrados; llevan una curación corta y con poca cantidad de sal, por eso resultan jugosas, de sabor suave, con un ligero punto picante.

Quería hacer algo parecido al mentaiko (明太子) japonés o el myeongnan (명란) coreano y le pregunté a una amiga coreana cómo lo preparaba ella, pero su respuesta llegó tarde, así que lo hice a mi manera. Luego me contó que en Corea las huevas se maceran en sal durante 5 días y después se añade guindilla en polvo (las que se usan para kimchi) y láminas de ajo y se maceran otros 5 días (no me dió cantidades exactas). Después se suelen tomar con arroz caliente junto con aceite de sesamo y cebollino picado.

También me gusta la poca ortodoxia de la preparación, que le da un con un punto de rebeldía y de sorpresa: de raíces coreanas, hecho con pasta italiana, que, para más inri, se toma en frío.

Ingredientes:

Huevas:

  • Un puñado de sal
  • 700 gramos de huevas de pescado – yo usé huevas de pez limón, pero valen las de cualquier otro pescado siempre y cuando sean pequeñitas y ofrezcan cierta resistencia en boca, por ejemplo, las de merluza, mucho más accesibles en cualquier pescadería son un buen sustituto.
  • 10% de gochujang (pasta coreana de guindillas fermentradas con soja) – 70 gramos – si no puedes conseguir, sustituye por guindilla en polvo 
  • 2% de sal – 14 gramos
  • 1% de glutamato monosódico – 7 gramos
  • 4% de azúcar – 28 gramos

Pasta:

200 gramos de tallarines

Salsa:

  • 200 gramos de huevas curadas en guindilla
  • Y mayonesa: una yema de huevo, vinagre de manzana, 50% aceite de oliva arbequina virgen extra/ 50 % aceite de girasol, sal y una pequeña cantidad de yuzu kosho (picante japonés con Yuzu y sal) o sustituye por guindilla en polvo

Para el emplatado:

Hojas de sisho – si encuentras, si no, sustituye por la parte verde de cebolleta china o por cebollino picado muy finito

 

Preparación:

Para las huevas:

Limpia las huevas en agua, añade un puñado de sal y deja “sudar” durante una hora.

Retira el agua que ha sudado y la sal.

Cubre las huevas con el resto de los ingredientes,  envasa al vacío.

Deja curar en la parte más fría de la nevera durante unos 10 días.

En 10 días de curación han perdido una buena cantidad de agua.

Abre la bolsa, cuela bien todos los jugos y vuelve a envasar al vacío – así aguantarán bien al menos un mes.

Envasadas una vez limpias.

Pasta:

Cuece la pasta en agua salada durante el tiempo que te indique el fabricante.

Cuando esté al dente, cuela y enfría en agua fría.

Salsa:

Prepara la mayonesa

Para las huevas…

Abre la bolsa, retira la piel y masajea suavemente para separarlas

Mezcla unos 75 gramos de mayonesa con las huevas y remueve hata formar una una salsa fluída. Como verás, la salsa tiene más huevas que mayonesa, esta sólo debe aportar fluidez y redondear sabores, en ningún caso debe ser la protagonista.

Final y presentación: 

Añade a la pasta mezclando bien para que la salsa se adhiera a los tallarines.

Sirve en una fuente y decora con unas hojas de sisho picado muy fino – puedes sustituir por cebollino o la parte verde de la cebolleta china cortada muy finita.