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Una revisión del pollo: cómo conseguir la carne más jugosa y una piel perfectamente dorada y crujiente

 

Llevo mucho tiempo haciendo pruebas con pollo asado – al menos 4 años – , intentando dar con un proceso lo suficientemente fácil, y que a la vez supere en mucho a las preparaciones tradicionales. En este tiempo he probado muchas técnicas y creo que finalmente he dado con un proceso con el que me siento muy cómodo, con el que se consigue una carne jugosísima y una piel como nunca, que cruje en la boca como una corteza y además, una salsa que le va que ni pintada.

Lo que he intentado hacer es reducir al mínimo los pasos necesarios para llegar a resultado muy superior al habitual sin pasar un fin de semana cocinando. Además, la preparación no exige demasiado trabajo, sólo hay que dejarlo hacer. Y sí, lo admito, el proceso es largo y no te permite improvisar demasiado porque necesitas planificar con al menos 18 horas de antelación.

Asar un pollo y que quede con una carne jugosa y una piel dorada es uno de los grandes retos de la cocina. Y más aún cuando estamos acostumbrados a tomarlo re-cocido, tanta es la fuerza del hábito que, ante los pollos nuestros de cada día, no nos damos cuenta de lo secos que están y no nos planteamos alternativas para mejorarlos.

El reto está en que mientras que la pechuga queda hecha a partir de 55ºC, la temperatura a la que la hago cuando la cocino al vacío, el muslo y contramuslo no quedan bien hasta que no llegan a los 62º (se tratan de músculos distintos, la pechuga un músculo blanco, con poca grasa y poco ejercitado, preparado para responder rápidamente a las necesidades de la naturaleza, como huir de depredadores o de humanos hambrientos; el muslo, más graso y más oscuro, “pensado” para resistir un esfuerzo continuado, como mantenerse de pie y desplazarse.

Cocinando la carne a una temperatura tan baja, nos encontramos con el gran problema: la piel. ¿Cómo conseguir una carne jugosa y una piel seca, crujiente y dorada? Este es el quid de la cuestión y lo más difícil.

En resumen: El sistema no es muy diferente de otras cocciones que he propuesto anteriormente. El truco está en introducirlo en una salmuera (para saber más puedes leer mi post sobre la salmuera yluego el de Enrique de Dorar no sella, con un punto de vista que va más allá del mío, muy muy interesante – me estoy haciendo fan de las salmueras de equilibrio) para aumentar su jugosidad, cocer a baja temperatura hasta que llegue a 60ºC, despiezas y dorar la piel hasta que quede bien crujiente.

El único utensilio que necesitas es un termómetro digital de horno (de esos que tienen un pincho y que te avisa cuando la temperatura haya llegado a la deseada) – los 30€ mejor gastados de la historia de la cocina, te lo aseguro.

Ingredientes:

  • Un pollo de buena calidad (nada de los blancos enfermizos)
  • Salmuera de un 5%: 50 gramos de sal por cada kilo de agua. (Necesitarás unos 3.5 litros de agua, por lo tanto 175 gr. de sal)
  • Un poco de mantequilla de buena calidad (suficiente para cubrir la piel del pollo antes de hornear).
  • Un buen chorrito de vino blanco
  • El jugo y la ralladura de media lima
  • Salsa de pescado (o si no tienes, sustituye por sal)

Preparación:

Antes de nada quita el hueso “de los deseos” (no sé si tiene nombre, en inglés se le llama wish bone), está entre las dos pechugas y el cuello, para que deshuesar las pechugas sea más fácil.

Salmueriza el pollo durante 12 horas. Saca del baño y seca bien la piel con papel absorbente.

El paso de secar la piel en la nevera no es necesario si luego se dora en la placha; es tan rápido que no hace falta.

Cubre la piel con una capita de mantequilla (calentada hasta textura de pomada).

Precalenta el horno a 90º, introduce el termómetro en la carne del pollo y cuece hasta que llegue a 60ºC a corazón de producto,  unas 2.5 horas.

(Como alternativa más técnica y sólo si tienes un sistema para cocer a temperatura controlada, cuece las pechugas al vacío a 55º y los muslos y contramuslos a 62º C)

Deja reposar durante 20 min fuera del horno. Despieza separando las dos pechugas, los muslos y las alitas.

Prepara la salsa mientras el pollo reposa:

  • En una cazuelita cuece el vino hasta evaporar el alcohol, echa los jugos y grasa que ha soltado el pollo al cocerse, la salsa de pescado (o sal), añade el zumo de lima y la ralladura, cuece unos minutos y mezcla bien.

Ahora sala y dora la piel en una sartén con un poco de mantequilla. Desglasa la sartén con la salsa, no vayas a perder este delicioso licor.

Cuidado/ ojo:  Asegúrate de que toda la piel está en contacto con la sartén, si no se dorará de forma poco uniforme, como en la foto:  

Final y presentación:

Sirve aliñado con la salsa, que es increíblemente buena: ácida, grasa, ligeramente salada… maravillosa.

Otras alternativas:

Hay otras maneras de dorar la piel, pero a mi no me han dado resultados suficientemente satisfactorios con poco esfuerzo. Os cuento uno a uno:

Horno:

  • He intentado dorarlo en el horno (a 240ºC arriba y abajo y con el ventilador en marcha para que el calor fluya lo más posible durante unos 10 minutos o hasta que la piel quede bien dorada) y la carne siempre ha acabado por hacerse de más, sobre todo la pechuga. Además la piel no se dora uniformemente.

 

  • También he probado el típico sistema norteamericano del pollo en posición vertical para conseguir un dorado uniforme y tampoco ha dado resultados satisfactorios. Normalmente monta sobre una lata de cerveza, pero aquí va sobre un molde de bizcocho con agujero en el medio.

Soplete: Yo no he conseguido nunca un resultado bueno dorando la piel con soplete, ni siquiera tengo foto publicable. ¿Alguien ha obtenido buenos resultados? si es así, habla, cuenta y comenta.

Rociado con aceite a 180º:

Método: calentar aceite en una sartén y poner el pollo encima, sobre una rejilla de esas que se usan para evitar salpicaduras mientras se fríe. Cuando el aceite llegue a 180ºC, “baña” la piel repetidamente con una cuchara hasta que quede crujiente. Este proceso es el que da los mejores resultados, crujiente y con un dorado uniforme. Sin embargo, la descarté y porque es muy trabajosa y además el aceite sigue cociendo la carne y queda un poco más hecha.

 Y para saber más:

Hay métodos mucho más precisos que dan mejores resultados, y si no que se lo digan a Enrique y su interesantísima preparación del pollo en cuatro posts, pero no siempre son viables. Os dejo sus links:

Tapas y Blogs en el Restaurante Lua

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Fotos del grandísimo fotógrafo y gastroblogger Carlos Noceda

Aunque he ido a Lúa un montón de veces, esta última fue especial, no sólo por la inmejorable compañía, sino porque fue la primera vez que visité el nuevo local, en la calle Eduardo Dato, número 5.

Lúa es un restaurante único, siempre que voy me siento como en casa, un lugar acogedor que ha mejorado con el nuevo emplazamiento con mucho más espacio, más luz y con una decoración muy agradable, limpia sin ser minimalista y con unas columnas de madera que le dan muchísima calidez. Y el portón de entrada es simplemente espectacular.

No sólo el ambiente te hace sentir bien, sino que todo lo que construye la «experiencia Lúa » está alineado: los camareros combinan perfectamente un saber hacer impecable con una cercanía perfecta, Manuel Domínguez, el jefe de cocina y dueño, un tío encantador, que se acerca siempre a la mesa para interesarse por lo que has comido y su comida, perfectamente equilibrada entre lo placentero que resultan los sabores tradicionales y las nuevas revisiones, además de unas presentaciones impolutas.

Una de las cosas más interesantes del restaurante es que no tiene carta, sólo sirven menús degustación que van variando mes a mes, manteniendo sus platos insignia, como su versión de sopa de ajo, impecable. Y los menús siempre combinan pescado, carne (en muchas ocasiones cordero) y algún plato de cuchara, que siempre son de agradecer.

Una novedad que creo que os va a encantar es cómo se ha planteado la venta de vino: en vez de cobrarte por cada botella a precio de restaurante, cobra el descorche por persona una sola vez y las botellas se pagan a precio de coste.

¿Qué tomamos ésta vez?:

  • Falso capuchino de lentejas y espuma de boletus.
  • Tartar de atún con guacamole de wasabi y lima, polvo de nachos y vinagreta de frambuesa.
  • Sopa de ajo con yema de huevo escalfado, palomitas de arroz rojo y carpaccio de trufa negra.
  • Merluza al vapor sobre sopa de maíz, crudité de verduras y praliné de cacahuete.
  • Albóndigas de venado en reducción de teriyaki sobre un puré de yuca y nabo y falsa guindilla.
  • Crema de queso San Simón sobre sopa de violetas, crujiente de miel y cristal de violeta.

¿Y qué bebimos ?:

  • Tres Matas crianza 2009 Tempranillo D.O. Ribera del Duero
  • Bianca 2010 Verdejo 100% D.O. rueda
  • Ontañon Crianza 2008 Tempramillo y Garnacha D.O. Rioja
  • Estrella Galicia Selección 2012 8º Vol.

Puré meloso a lo Heston Blumenthal

Una imagen vale más que mil palabras, sólo hay que ver la foto para poderse imaginar la textura del puré:

Pocas veces publico una receta que no es mía, pero en este caso no me lo he podido resistir, el resultado de este puré es como ningún otro: meloso hasta un punto increíble y disfrutón que no veas.

Ingredientes:

1 kg de patatas céreas (yo utilicé patatas nuevas pequeñitas)

250 gr de leche entera

250 gr de mantequilla

Sal

Preparación:

  • Pelar las patatas y reservar la piel (que contiene muchísimo aroma a patata).
  • Lavar las patatas cortadas en dados regulares durante unos 5 minutos en agua corriente.
  • Mantener las patatas en agua a 72ºC durante una hora.
  • Lavarlas de nuevo bajo un chorro de agua.
  • Cocinar en agua salada hasta que estén muy hechas, casi a punto de deshacerse.
  • Infusionar la leche con las pieles de patata: calentarla junto con las pieles de patata hasta que llegue a hervir y mantener durante 20 minutos.
  • Secar la patata en una olla con mucha superficie y a fuego bajísimo – mientras más seca quede, mejor.
  • Incorporar la mantequilla y la leche.

Receta de salsa XO con ingredientes de aquí y allí

 

Esta salsa es una preparación relativamente nueva de la cocina china que se inventó hace poco (en los años 80) en Hong Kong. Su nombre hace alusión a los Brandys extra viejos (Extra Old), para darle ese punto de calidad que les permite cobrártela a precio de oro cada vez que en un restaurante chino pides algo tan sencillo como unas verduras salteadas con un poco (muy muy poco) de salsa XO.

Tiene muchísima fama, tanta que los mejores restaurantes de Hong Kong preparan su propia versión y la venden para llevar como ingrediente estrella.

Es una salsa que cuesta llamarla salsa. En realidad se trata de un aceite aromatizado con y acompañado de una amalgama de guindillas, ajo, jengibre, a veces chalotas, vieiras (conpoy) y gambas secas y jamón de Yunnan o Jinhua, un jamón curado parecido al nuestro.

Lo más interesante de la salsa son estos tres últimos ingredientes que están atiborrados umami y el chute aromático que aportan también es brutal.

Era la primera vez que utilizo vieiras secas y me han sorprendido mucho y para bien. No sólo concentran su sabor durante el secado, sino que, igual que pasa con el bacalao, su aroma se transforma. Y la combinación de marisco y jamón curado, aunque sorprenda, va perfectamente.

La mayoría de las salsas XO que he visto tienen un aceite de color rojizo que habla de su amistad con la guindilla. Pero este ingrediente por sí solo no consigue darle suficiente color, así que he añadido achiote para potenciarlo. Y claro, ya que estamos en España, he utilizado unos taquitos de jamón ibérico de bellota del bueno buenísimo para sustituir al chino y, por supuesto, AOVE.

¿Y cómo tomarla?: una pequeña cantidad es suficiente y va genial con cualquier salteado, aunque sea sólo de verduras. Obviamente está de muerte con unas vieiras a la plancha, con mejillones, gambas o incluso para acompañar tofu. Verás cómo potencia cualquier platillo y lo convierte el algo especial. leer más »

Primeras pruebas con los cítricos de El huerto de Elche

De izda a dcha: 2 cidras, al fondo mano de buda, 2 yuzu y bergamota

Llevaba muchísimo tiempo intentando probar estos cítricos y trastear con ellos y finalmente lo he conseguido. Que yo sepa El huerto de Elche son los únicos que cultivan una variedad de cítricos tan amplia como esta, con productos tan interesantes como el yuzu, calamansi, una especie de lima con sabor a mandarina que está buenísima, caviar cítrico y un largo etcétera.

Os cuento un poco sobre lo que he probado y qué he hecho con ellos:

  • Yuzu: es un cítrico japonés con un aroma parecido al de la mandarina pero mucho más intenso, sin duda el más interesante de los que probé. Me ha encantado la potencia y el aroma de la piel, su principal atractivo. Tiene muy poco jugo y es muy ácido, más que el jugo de una lima.
    • En fresco he utilizado la ralladura para unas ostras y quedó impresionante, muy aromático al principio pero sin que interfiera luego con el sabor de la ostra.
    • Todavía tengo unos cuantos congelados para utilizar su piel a medida que la vaya necesitando.
    • Con el alvedo (parte blanca de la piel) de 3 yuzus y uno entero preparé una mermelada de un aroma muy potente y con un amargor muy interesante. La cantidad de pectina que tiene hace que la mermelada quede densísima.
    • También tienen piel de yuzu en seco, que está buenísima, más sabrosa e intensa que la que tenía de Japón; he utilizado un poquitín, infusionándola con té verde y el resultado fue brutal. También la he probado tal cual en otros platos y me ha encantado.
  • La cidra: no tenía nada que ver con la que compré en la tienda asiática de hace unos posts, el aroma es intenso, más cercano al de un limón, pero más perfumado. Se utiliza sobre todo su ralladura y tiene un albedo (parte blanca de la piel) muy grueso.
  • Y la bergamota: me ha encantado su aroma tan perfumado y ese olor a pomelo tan interesante que tiene. Usé el jugo y la ralladura para potenciar un sorbete de limón y quedó genial.
  • El bicho tan raro que veis en la foto es mano de buda, otro cítrico muy llamativo por su forma. Sólo tiene albedo. El aroma es muy parecido al de la cidra.

Cidra y lima kaffir

Ayer estuve en el barrio de Lavapiés de Madrid buscando especias con Carlos de Averquécocinamoshoy y, después de rebuscar en varias tiendas tuvimos la suerte de encontramos una frutería que vendía esta joya que desconocía. Y claro, con mi obsesión por los cítricos no pude resistirme:

 

Me acaban de confirmar que es cidra - parece que es un cítrico parecido pero no es cidra, esta tiene mucho más alvedo (la parte blanca de la piel), menos jugo y un olor distinto. La probé y me quedé impresionado con su aroma, es igual al de la lima kaffir (foto inferior), una lima típica de Tailandia, sólo que ligeramente más suave.

 

No os podéis imaginar la alegría que me causó, con lo que me gusta y lo que cuesta conseguirla (en Madrid, imposible – en Barcelona la podéis encontrar en el supermercado asiático Extremo Oriente, en Balmes, 4).

Y ya tengo sustituto. Si tenéis oportunidad de comprarla, no lo dudéis, es uno de los cítricos con un aroma más interesante que conozco, tan intenso que sólo necesitas añadir una pequeña cantidad de jugo para disfrutarla y con una piel tan aromática que dan ganas de llorar de la alegría (por lo menos yo).

Si estáis interesados, yo la encontré en la en la primera frutería que hay en la acera de la derecha entrando en la calle Tribulete desde la Plaza de Lavapiés. Y a 5€ el kg.

¿Y cómo usarla?

  • Hazte una ensalada verde con el jugo y la rayadura de la lima, un poco de salsa de pescado o de soja (o simplemente sal) y un chorrito (pequeño) de aceite y a correr, verás lo buena que queda.
  • Aliña ligeramente cualquier pescado con unas gotas del jugo y su ralladura – sobre un poco de calamar crudo está de muerte.
  • O simplemente corta 2 láminas finísimas para echárselas a un gintonic con una ginebra bien seca que dé todo el protagonismo a la lima. Verás qué pasada.

Los mejores placeres a veces son los más básicos

Me ha encantado descubrir que el maíz frito un poco machacado es un aderezo perfecto para unos huevos… sobre todo cuando te traen recuerdos de infancia tan buenos como los que me traen a mí.

El platillo completo es un desayuno de domingo fantástico. Y encima de todo, con los mejores ingredientes posibles para dos no te gastas más de 1’5€ por persona:

  • Un buen pan tostado – este, cohonudo, es de Mamá Framboise, hecho con masa madre, con una miga esponjosa impresionante y de corteza crujiente. Es tan bueno que todos los domingos me cruzo Madrid sólo para comprarlo – si vais,, es el pan blanco que cuesta 2€.
  • Unas lonchitas de lengua de cerdo cocida a 70ºC (el link es de lengua de ternera, el proceso es el mismo), – atrévete a probarla que sólo cuesta 2’5€/kg y no te arrepentirás, te lo aseguro.
  • Unos huevos cocidos a 63º – unos 50 minutos o pasados por agua, justo cuando la yema empieza a espesar, unos 5.30 minutos – o mejor aún, escalfados
  • Una salsa holandesa hecha con mantequilla francesa de la buena buena por encima
  • Y el maíz frito (o Kikos como nos gusta llamarlos a los de Madrid) para darle el punto crujiente-sabrosísimo-y-salado.

Cena de cumpleaños

Podéis clickear en los nombres de las recetas para que te direccionen a la preparación de cada plato.

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albalones y pulpo

Abalone con trufa y salsa con miso

 

 

Ensalada de pulpo

 

 

Risotto de pulpo

esta ha sido la cena de hoy. os dejo las fotos y la cuento esta semana

 

un intento (aún incierto) con cochinillo

piel-cochinillo.jpg 

Aquí va la segunda prueba con la piel. Es un aperitivo buenísimo.

Después de hacer esto me quedo con la curiosidad de saber cómo quedarían fritas como las cortezas tradicionales de cerdo… probablemente buenas, pero seguro que algo más pesadas.

Lo hice a partir de las sobras de la comida de año nuevo de casa de mi madre, así que la piel ya estaba asada y crujiente. Intenté darle un toque aún más crujiente y compensar lo pesada que suele ser con un toque ácido.

La piel (quitando anteriormente gran parte de la grasa que hay entre la piel y la carne) la estuve terminando de hacer a 120º C en el horno dando vueltas de vez en cuando para que se hiciera uniformemente por todos lados. A medida que la grasa que quedaba se iba fundiendo, la retiraba con un papel absorbente.

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