Las mejores migas que he tomado – crujientes y ligeras

Hasta ahora, la idea en sí de tomar migas me parecía maravillosa, pero la realidad constantemente me ha hecho – digámoslo así – olvidarme de tomarlas. Las pocas que se encuentran por ahí son grasientas, pesadas y blandurrias, justo lo contrario a lo que mi mente calenturienta imagina.

Pero, alá! gracias a los dioses os presento una receta absolutamente deliciosa que supera todas las preconcepciones que podríamos tener sobre las migas – prácticamente sin grasa, con todo el sabor de unas migas y crujientes a más no poder. Una auténtica delicia que no te hará sentir culpable por tomarlas, ni hacerte pasar una mala digestión.

También una de las cosas más interesantes que tienen es el contraste que aporta la verdura – pimientos verdes y rojos bien pochaditos o unas uvas crudas – que con su dulzor hace de esta receta algo aún más increíble.

La receta es sencilla, pero no os voy a engañar, da un trabajo de muerte, sólo hacer las migas lleva alrededor de unos 40 minutos. Pero lo bueno es que, una vez hechas, se conservan muy bien y puedes hacer para varios días.

Ingredientes:

  • 1 cabeza de ajos
  • 700 gramos de pan seco – roto en pedazos y en remojo desde el día anterior
  • Una pieza generosa de chorizo de León picante ahumado
  • Bacon/ torreznos/ taquitos de jamón, lo que tengas a mano, aunque si tienes carne de torreznos vas a quedar mucho más feliz, te lo aseguro
  • 1 pimiento verde
  • 1 pimiento rojo
  • Pimentón ahumado dulce y picante – la proporción la eliges tú en función de tus preferencias
  • Sal
  • Aceite de girasol
  • Un huevo frito por persona

Preparación:

Rompe el pan en trozos y ponlo en remojo la noche anterior con poca agua, no lo inundes. Vale cualquier tipo de pan.

Puedes cubrirlo con papel film para que la humedad se distribuya lo más uniforme posible

Este es el aspecto que deberían tener las migas después de una noche

Al día siguiente, confita los dientes de ajo con su piel a fuego medio (a intensidad 5 en mi fuego de inducción) cubiertos en aceite hasta que queden tiernos y hayan cedido todo su aroma.

Cuando estén super tiernos y sube el fuego y deja que se doren sin que se quemen (que si no quedarán amargos). Reserva el aceite y los ajos por separado.

En una sartén cocina a fuego medio el chorizo en daditos pequeños hasta que quede bien crujiente y haya soltado la mayor parte de su grasa. Reserva la grasa y el chorizo por separado.

 

Haz lo mismo con el bacon o los torreznos. Reserva para luego sólo la carne.

En un poco de aceite saltea el pimiento verde y rojo hasta que quede bien cocido, dorado y crujiente, más seco que húmedo.

Ahora viene la parte más pesada y laboriosa – requiere alrededor de 40 minutos, así que ármate de paciencia porque no hay atajos:

Echa un chorrito del aceite de confitar los ajos en una sartén (2 cucharadas) y añade el pan.

Con una cuchara de madera, ve rompiendo el pan hasta que deshacerlo en migas muy muy pequeñas.

Durante los primeros 5-10 minutos el pan se puede pegar en la sartén y durante este tiempo no puedes dejar de prestar atención a la cazuela; raspa bien con una cuchara de madera para ir quitando el pan que se ahiera a la base – como te despistes se irá formando una capa mayor y después no habrá quién lo despegue.

Una vez pasado este tiempo, tienes que seguir removiendo, pero puedes relajarte un poco más porque ya no se va a pegar en la sartén, pero vas a tener que…

Seguir.

Y seguir removiendo con mucha paciencia.

Cuando veas que el pan empieza a secarse, añade una cucharada de la grasa del chorizo – y nunca, nunca, añadas más grasa. La idea es que queden ligeras y no sean pesadas.

Al poco, ve añadiendo el pimentón ahumado hasta que queden a tu gusto y las migas adquieran un bonito tono rojo oscuro – el pimentón va a darle ese sabor delicioso a chorizo sin la pesadez ni la grasa que contiene. Ya sé lo que estás pensando, que si añades el pimentón tan pronto puede quemar y amargar; pues no lo hace, me imagino que absorbe la humedad y se integra muy bien con las migas de forma que no llega a quemarse ni a amargar.

Y en el último momento, cuando ya están prácticamente secas tienes que volver a prestar atención porque corres el riesgo de que se quemen las migas que están en contacto directo con la sartén.

Así es como debería quedar:

 

Sigue cociendo hasta que queden bien crujientes y rectifica de pimentón y sal si lo crees necesario.

Sirve con los dientes de ajo dorados, los pimientos y los dados de carne que tengas dorados.

Y con un huevo frito encima.

Se me cae la baba de sólo escribir la receta.

Si vas a guardar las migas que sobren (si es que sobran), hazlo separándolas de todo lo demás, así no cogerán humedad y se mantendrán crujientes y deliciosas y sólo tendrás que calentarlas en el micro para volver a disfrutar de ellas.

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